Cáncer de tiroides

Cáncer de tiroides

El cáncer de tiroides es un tumor maligno que crece en el interior de la glándula tiroides. Esta glándula tiene una forma similar a la de una mariposa y se localiza en el cuello, sobre la tráquea. Se encarga de regular el metabolismo del cuerpo, producir proteínas y ajustar la sensibilidad del organismo a otras hormonas.
La incidencia de esta neoplasia es baja, mayor en el sexo femenino, y se incrementa con la edad y en aquellos individuos con antecedentes de radioterapia en la zona cervical.
En general, la mayoría de los cánceres de tiroides suelen tener una evolución benigna, ya que el diagnóstico suele ser temprano. No obstante, es un tipo de cáncer que puede volver a aparecer pasados unos años.

Síntomas del cáncer de tiroides

Algunos de los síntomas que nos pueden avisar de su presencia son:
  • La aparición de una protuberancia en el cuello.
  • Dolor frecuente en el cuello o en los oídos.
  • Tener dificultades para tragar.
  • Tener problemas para respirar con normalidad o sufrir asma constantemente.
  • La voz se vuelve ronca.
  • Padecer una tos que no se relaciona con haber cogido frío ni catarros.
  • Muchas personas no notan ningún síntoma y es el médico el que descubre el tumor en un análisis rutinario.

Causas del cáncer de tiroides

Las causas más frecuentes de cáncer de tiroides son:
  • Exposición a radiaciones, principalmente cuando esto ocurre durante la infancia. Pueden pasar hasta 40 años desde la irradiación hasta la aparición del cáncer. La incidencia de cáncer aumenta con la dosis de radiación recibida.
  • Los niveles muy elevados de TSH pueden influir en el crecimiento de algunos de los carcinomas que se desarrollan a partir de bocios.
  • El 20% de los carcinomas medulares presenta un mecanismo de transmisión hereditaria.
  • El linfoma tiroideo se asocia con la tiroiditis de Hashimoto.
  • Antecedentes familiares de cáncer de tiroides o MEN 2 (asociación de carcinoma medular de tiroides, más hiperparatiroidismo, más feocromocitoma).
  • Tener más de 70 años o menos de 20 años.
  • Ser hombre.
  • Nódulo palpable reciente, de crecimiento rápido e indoloro.
  • Ronquera o parálisis de las cuerdas vocales.
  • Tamaño de más de 4 centímetros.
  • Adenopatías palpables.
  • Fijación a estructuras profundas (no desplazable con la deglución).

Tipos de cáncer de tiroides

Esto son los tipos de cáncer de tiroides más habituales, sus características, incidencia, causas y diferencias entre sí:

Tumores metastásicos

El tiroides es una localización habitual de metástasis, principalmente de los siguientes cánceres primarios:
  • Melanoma.
  • Carcinoma de pulmón.
  • Cáncer de mama.  
  • Cáncer de esófago.

Carcinoma papilar

Es el carcinoma tiroideo más frecuente (puede constituir hasta el 70% de los cánceres de tiroides). Su incidencia es mayor en la mujer, en las personas con antecedentes de irradiación cervical, y en la cuarta década de la vida, aunque se observa con notable frecuencia en la infancia.
Es un tumor bien diferenciado, y presenta característicamente imágenes en vidrio esmerilado. Con frecuencia se observan calcificaciones (también llamadas cuerpos de psamoma).
Este tipo de tumor puede metastatizar precozmente en los ganglios cervicales (es muy raro que se produzca metástasis a través de la sangre en este tumor), siendo frecuente su diagnóstico por el estudio de una adenopatía cervical, sin otra sintomatología acompañante.
La clínica normalmente consiste en la presencia de un único nódulo tiroideo, que resulta indoloro y tiene un crecimiento muy lento. En ocasiones hay adenopatías cervicales indoloras, con o sin nódulo tiroideo.
En fases avanzadas, tras años de evolución, pueden producirse metástasis.

Carcinoma folicular

Sigue en frecuencia al papilar, pero aparece en personas más mayores, de unos 50 años, y es más frecuente en pacientes con bocio.
Es muy diferenciado, y puede llegar a ser como el tiroides normal, por eso es más difícil su diagnóstico histológico, aunque a veces se observan unas células típicas, llamadas células de Hürthle. Se ha detectado que su pronóstico es algo peor que el del resto de los carcinomas foliculares.
El carcinoma folicular se propaga fundamentalmente por vía hematógena (a través de la sangre), principalmente a pulmón y hueso (las metástasis pueden ser la primera manifestación clínica) y, menos, por vía linfática, es decir, al revés que el carcinoma papilar. Por lo demás, la clínica es muy parecida a la del carcinoma papilar: un nódulo tiroideo indoloro, de consistencia variable, aunque normalmente duro, sobre un bocio preexistente o sobre una tiroides sana.

Carcinoma anaplásico

Constituye el 10% de las neoplasias malignas del tiroides. Es un carcinoma indiferenciado de gran malignidad que procede también de las células foliculares, con una incidencia máxima después de los 65 años.
Se asocia a tiroides con alteraciones previas, principalmente carcinomas papilares y foliculares.
No tiene cápsula, y aparece como una masa pétrea que invade otras estructuras. Las células, a diferencia de los tumores anteriormente citados, son atípicas.
Las metástasis ganglionares y a distancia aparecen precozmente, por lo que pueden estar presentes al realizarse el diagnóstico.
La clínica se caracteriza por la aparición de un tumor cervical anterior, que suele ser doloroso, que crece rápido y tiene consistencia dura y pétrea.

Carcinoma medular

Procede de las células parafoliculares tiroideas o células C, productoras de calcitonina, es decir, que tiene un origen distinto a los anteriores tumores. Además, es típico que entre las células haya una sustancia (amieloide), que facilite su identificación histológica.
Puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente a partir de los 50 años y, como los anteriores, es más común en mujeres, aunque con menos diferencia.
Al igual que el carcinoma anaplásico, origina metástasis tempranamente, tanto por vía linfática como sanguínea, por lo que la clínica también será parecida al anterior tumor, es decir, un nódulo (normalmente de crecimiento lento) con metástasis a pulmón, hueso e hígado. Normalmente son estas metástasis las que manifiestan síntomas que, tras investigar, conducen al diagnóstico de carcinoma de tiroides.
Es además un dato curioso que un porcentaje considerable de pacientes presenten también como síntoma diarrea, aunque la patogenia de este proceso no está aún muy clara.
Por último, con respecto a este carcinoma, al diagnosticarlo hay que hacer un estudio familiar para determinar la calcitonina basal y poder hacer un diagnóstico precoz de otros posibles familiares afectados, ya que en algunos casos presenta asociación familiar.

Linfoma tiroideo

Más frecuente en mujeres de edad avanzada y que en ocasiones han padecido previamente un tipo de enfermedad benigna de tiroides, la tiroiditis de Hashimoto.
La clínica es parecida a la del carcinoma anaplásico, pero en este caso el crecimiento es más lento.

Diagnóstico del cáncer de tiroides

Para llegar al diagnóstico del cáncer de tiroides se necesita un estudio histológico (examen de los tejidos), y los datos que orientarán para determinar de qué tipo de carcinoma se trata serán las características de cada tumor que se han comentado anteriormente.
Normalmente el diagnóstico comienza por el hallazgo de un nódulo en la zona anterior del cuello, y hay una serie de signos y síntomas que inicialmente hacen sospechar malignidad en un nódulo tiroideo:
  • Antecedentes de irradiación cervical.
  • Edad inferior a 20 años o superior a 60 años.
  • Sexo masculino.
  • Nódulo único.
  • Nódulo mayor de 4 cm de diámetro.
  • Aparición reciente.
  • Crecimiento rápido.
  • Consistencia pétrea.
  • Presencia de adenopatías cervicales.
  • Signos y síntomas de compresión.
  • Invasión de estructuras cervicales próximas.

Pruebas diagnósticas

  • Analítica sanguínea.
  • Ecografía.
  • Gammagrafía tiroidea: clasifica los nódulos tiroideos, según su captación del radioisótopo, en nódulos “fríos” o no captantes (80-85%), isocaptantes (15%) o hipercaptantes (5%). Los tumores malignos suelen ser “fríos” aunque no siempre se cumple este requisito, por lo que es necesario realizar, como se ha comentado, el análisis histológico.
  • PAAF: la punción-aspiración con aguja fina de la tiroides es una técnica segura, sencilla, indolora, barata y con una alta fiabilidad (llega a tener una precisión del 95%). Muchas veces la citología es diagnóstica, y a veces puede ser terapéutica, ya que entre el 20 y el 65% de las lesiones quísticas desaparecen. La principal limitación es que en caso de diagnóstico de proliferación folicular, no se podría asegurar que se trata de un cáncer folicular y habría que realizar más pruebas.

Pronóstico del cáncer de tiroides

La evolución y el pronóstico de las diferentes neoplasias del tiroides dependen básicamente del tipo y del estadio en el momento del diagnóstico.
Clasificación en orden de menor a mayor grado de malignidad:
  1. Carcinoma papilar (sin olvidar que en ocasiones puede transformarse en anaplásico).
  2. Carcinoma folicular.
  3. Carcinoma medular.
  4. Carcinoma anaplásico.
  5. Linfoma.

Tratamiento del cáncer de tiroides

A modo de resumen, el tratamiento básico de los diferentes cánceres de tiroides es el siguiente (a continuación se irán detallando según las técnicas terapéuticas):
  • Carcinomas papilar y folicular: tiroidectomía casi total, administración de Iodo 131 y hormonas tiroideas a dosis supresoras de la TSH.
  • Carcinoma anaplásico: radiaciones externas, quimioterapia.
  • Carcinoma medular: tiroidectomía total con eliminación ganglionar.
  • Linfoma: radiaciones externas, quimioterapia.

Cirugía

Pilar básico de la terapéutica del cáncer de tiroides, ya que su finalidad es la de eliminar todo el tumor o la mayor parte de este.
En los carcinomas papilar y folicular, el tratamiento de elección es quitar la glándula casi en su totalidad, junto con ganglios si estos se encuentran afectados.
En el carcinoma medular también hay que quitar la glándula, junto con la extirpación profiláctica de los ganglios (por su alta frecuencia de afectación), ya que además en este caso es la única posibilidad de curación, porque ni el radioyodo ni las hormonas tiroideas ayudan a controlar la enfermedad.
En el carcinoma anaplásico y en el linfoma, la cirugía suele ser poco útil, y hay ocasiones en las que el tratamiento se basará en intervenciones de carácter paliativo.
Si la PAAF (ver pruebas diagnósticas) realizada ofreciese dudas, o presentara características foliculares o no concluyentes, con un factor de alto riesgo para lesión maligna, se podría llevar a cabo una extirpación amplia de la lesión, pero sin quitar toda la glándula, realizando posteriormente una biopsia de la pieza, para determinar cómo continuar el tratamiento.

Radioyodo

Los carcinomas papilar y folicular captan yodo 131, y la administración de radioyodo sirve para facilitar la eliminación de los restos tiroideos después de la cirugía.

Tratamiento con hormonas tiroideas

La administración de hormonas tiroideas es obligatoria tras la extirpación de la glándula tiroides.
En los pacientes intervenidos por carcinoma anaplásico, medular o linfoma, la hormonoterapia se utiliza para evitar un posible hipotiroidismo, sin embargo, en el papilar y folicular se emplea también para suprimir la secreción hipofisaria de TSH (habrá que administrar dosis superiores que en los casos anteriores).
La radioterapia externa normalmente solo se usa (y en ocasiones seleccionadas) con finalidad paliativa, ya que no surte efecto para destruir los tumores. Sí puede tener efecto curativo si se asocia a quimioterapia en los linfomas tiroideos; sin embargo, en los carcinomas medulares suele resultar poco efectiva. 

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