Ampollas

Ampollas

Las ampollas, o flictenas según la terminología médica, son unas lesiones en forma de burbuja que aparecen en la piel. Esta vesícula está llena de líquido que normalmente es transparente, pero que también puede contener sangre.
Aunque sean muy molestas, las ampollas aparecen cuando se detecta una lesión en la piel, es entonces cuando nuestro organismo pone en marcha un mecanismo de protección mediante la aparición de estas pequeñas vesículas (de más de 5 mm). La piel dañada queda en la superficie, la sangre lleva los líquidos con los nutrientes necesarios para crear una nueva capa y, si la curación se lleva a cabo de manera correcta, la ampolla desaparece dando paso a la piel recién sanada.

Causas de las ampollas

Existen muchas causas por las que aparecen las ampollas, pero las más comunes son:
  • Rozamiento. Es la causa más frecuente. Por ejemplo, al hacer largas caminatas es normal que al final de la jornada haya zonas del pie donde el zapato haya causado más fricción de la cuenta, y como resultado la piel se lesiona.
  • Quemaduras solares. Al exponernos al sol demasiado tiempo se producen quemaduras que, si son graves, pueden llegar a originar una ampolla.
  • Quemaduras químicas. Son las provocadas por productos químicos como ácidos.
  • Escaldaduras. Se trata de las quemaduras causadas al entrar la piel en contacto con un líquido muy caliente.
  • Procesos de congelamiento graves.
  • Enfermedades como la dermatitis de contacto en ocasiones también originan la aparición de flictenas.
  • Ciertas infecciones de la piel como la varicela pueden provocar la aparición de ampollas.
  • Reacciones alérgicas que se manifiestan en la piel.
  • Signos y síntomas de las ampollas

    Realmente al ser la ampolla una lesión centrada en una zona específica de la piel no tiene un amplio conjunto de signos y síntomas. Sin embargo, sí que se puede detectar de manera precoz cuando va a aparecer una:
    • En el caso de las quemaduras químicas y las escaldaduras las ampollas aparecen al cabo de pocos minutos. La piel está enrojecida y se siente un dolor agudo en la zona.
    • Cuando se produce mucha fricción en una parte del cuerpo, por ejemplo el pie, antes de que aparezca la lesión empieza por notarse calor intenso en la zona. Si el rozamiento continúa el área afectada comienza a enrojecer, signo precoz de lesión, y muy probablemente al cabo de unas horas se podrá ver la ampolla formada.
    • Con respecto a las infecciones y las enfermedades cutáneas, es difícil predecir cuándo y dónde aparecerá la lesión, pero normalmente la zona estará más sensible al tacto de lo normal.
    • Una vez que la ampolla está formada es bastante dolorosa al tacto, siendo más o menos sensible dependiendo de la parte del cuerpo afectada.

    Qué hacer en caso de tener una ampolla

    Lo primero que se le pasa a cualquiera por la mente cuando le sale una ampolla suele ser reventarla, explotarla y dejar salir el líquido. El roce continuo de zapatos o ropa en la ampolla resulta muy molesto, y por eso el primer pensamiento es drenarla para reducir la inflamación. No obstante, aunque todavía hay bastantes discusiones al respecto, está comprobado que el líquido que contienen las ampollas ayuda a la creación de la nueva capa de piel y protege contra infecciones durante el proceso, por lo que se recomienda no explotarlas. Claro que también va a depender de la localización y el tamaño de la lesión.
    Por norma general las ampollas no son motivo de urgencia y se pueden tratar fácilmente en el hogar aplicando los siguientes AEMS:
    • En la mayoría de los casos las ampollas se curan solas. Lo mejor y más efectivo para ayudar a que sanen es mantener la zona bien limpia y desinfectada. Los lavados con agua tibia y jabón son suficientes.
    • Si aparecen en los pies, hay que asegurarse de mantenerlos limpios y secos. Es muy importante para los caminantes tener siempre calcetines limpios.
    • Como se ha mencionado, las ampollas no se deben explotar, ya que hay riesgo de que se infecten y la herida se agrave.
    • Se pueden cubrir con un apósito o con vendas. Existen cintas adhesivas especiales de óxido de zinc que protegen y previenen infecciones que también se pueden utilizar.
    • Vigilar diariamente la ampolla y aplicar antiséptico si se desea.
    • A veces aplicar frío ayuda a disminuir el dolor y la inflamación, pero hay que hacerlo con cuidado, y no aplicar hielo directamente, sino cubierto con un paño.

    Cuándo hay que drenar una ampolla

    Si la ampolla es muy grande (más de 3 cm), o si está en una zona muy dolorosa se puede drenar el líquido, pero siempre teniendo en cuenta ciertas consideraciones y, preferiblemente, que sea un especialista quién lo haga:
    • Para explotar la ampolla y drenar el líquido el entorno debe ser lo más limpio posible. La zona de la lesión debe ser previamente lavada con agua y jabón, y desinfectada con alcohol o agua oxigenada.
    • Es preferible utilizar agujas estériles pero, si no se dispone de ellas, se puede utilizar una aguja normal que se haya esterilizado antes, ya sea dejándola unos minutos en alcohol o aplicando una llama a la punta con un mechero, no con una cerilla, porque la cerilla deja restos de hollín potencialmente infeccioso.
    • Pinchar solo una vez en uno de los laterales de la ampolla para que salga el líquido. Con ayuda de una gasa estéril presionamos la ampolla para vaciarla. No pinchar más de una vez.
    • Una vez vacía, con otra gasa estéril aplicar povidona iodada (betadine) a la herida que queda, y luego cubrirla con una venda, tirita o apósito para evitar infecciones.
    • La porción de piel que queda nunca se debe arrancar. Se secará y se caerá sola una vez que la herida esté curada.
    En general, las ampollas tienen buena evolución y desaparecerán al cabo de entre cinco y siete días. No obstante, hay que mantener la lesión vigilada a diario y acudir al médico si:
    • La zona presenta aumento de temperatura y enrojecimiento.
    • Se puede observar pus en la ampolla, un líquido blanco en vez de transparente.
    • El dolor aumenta de manera alarmante y deja de ser una molestia soportable para convertirse en un dolor muy intenso.
    • Comienza a oler mal, que es un signo de infección.
    • Se torna roja o drena sangre, signo de que la lesión es más profunda

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